martes, 21 de noviembre de 2017

Sentimientos encontrados

Un día como cualquiera, estaba estudiando para mi examen de inglés, cuando de repente mi papá me llama. Muy estresada y cansada le respondí: ¿Qué pasó? Y su respuesta fue: “Ya salió”. Sin darle  importancia  seguí trabajando. Minutos después, me enteré que finalmente salió la resolución que nadie deseaba y menos en esa época del año. No supe qué pensar, muchas cosas se me vinieron a la cabeza, entre ellas la imagen del aeropuerto, mi hermano y yo abrazándonos, la gran despedida. Una semana muy intensa, tanto mis padres como yo no teníamos el mejor humor y en consecuencia el ambiente de la casa era tenso. Y es que quedaban tan solo cuarenta y cinco días para regresar, cuarenta y cinco días que pasaron volando, acompañados de despedidas, risas y llantos. Mi momento de reflexión era en las noches, cuando me descargaba a través de las lágrimas, pensando en el miedo que le tenía a este gran cambio, el cómo sería mi vida sin mi hermano, sin mis amigos y simplemente la manera en la que viviría ahí. A su vez, tuve varias charlas emocionales tanto con mis grupos de amigas como con la psicóloga del colegio. Me servían mucho porque me ayudaban a mirar el lado positivo; volver a mi país natal, reencontrarme con mi familia y mis ex compañeros.

Mi último día en Uruguay estuvo armado para ser en familia, aprovechando el tiempo al máximo juntos y entre eso la oportunidad de jugar mi último partido de hockey. Tuve el apoyo de mis seres más queridos y gracias a eso me sentí motivada logrando meter el gol de la victoria del equipo. Lastimosamente ese día tuvo que llegar a su fin, pero teniendo un final feliz. 

Llegó la fecha, ya en el aeropuerto acompañada con mis mejores amigas que me fueron a despedir. Quedando tan solo diez minutos para embarcar, llegó el momento de la despedida, primero con mis amigas, a las que notaba muy tristes. Todavía no había perdido la calma, hasta que giré mi cabeza y me di cuenta de que mi hermano me estaba esperando, se me vino el mundo abajo y lloré a mares. 

Nunca me gustaron las despedidas y menos si era yo la protagonista. Teniendo sentimientos encontrados subí al avión y, hasta el día de hoy, agradezco esos siete años que me tocó vivir en Uruguay.


Rebeca C.

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