Una vez yo estaba caminando por los
bajos del cerro, masiado potente ya era mi sed que tenía. Yo ya no podía más, un paso y me caía por
aquellos lado. Le veo a mi vecino, vera,
y le dije: "Uy! Que suerte que ya te visto, legalmente yo ni sabía por
dónde lo que estaba", ra’e.
Me salvó todito ese vecino que yo ya
pensaba que no me iba a servir para nada, solo su celular purete. Al verle de
mejor manera, visto que tiene una botella con agua por una su mano, yo ya me
estaba por morir na luego, a lo que voy y le digo: “Invitame na un poco tu
agua, masiado sediento estoy” y me responde: “Mmm, ahora mante me hablás, cuando te conviene hina. Ya no te voy a prestar mi saldo”. Al escucharle, yo estaba
tranquilo pa, ni le entendía. Entonces le dije nomás ya “Vení sique,vamos a
arribar este cerro”. Le hice creer todito que yo quería estar con él, pero la
verdá solo quería su agua.
Maia C.

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